Lima: el callejón de los sueños rotos (y las calles
más perversas)En la capital de Perú, según los índices
obtenidos por la Municipalidad,muere al menos una persona
como consecuencia de accidentes de tránsito. No es nuevo.
Fue Fujimori quien decidió importar las mini-camionetas
desde China, baratas y en malas condiciones, que hoy inundan
la ciudad con sus bocinas (que los conductores tocan para
poder pasar, para saludar a un amigo que cruza, para
decirle "deme tres paltas" a las mujeres que las venden en
las esquinas, para galantear a otra que intenta cruzar la
avenida o proque simplemente les gusta seguir la melodía
que los otros entonan) y sus gritos de "andéle, hombre,
subále, subale" o "baja, baja, baja" aunque el pasajero
ya haya subido o bajado respectivamente....
Así podría haber empezado el artículo que iba a escribir
sobre la caótica ciudad limeña. Pero necesitaba fuentes.
Y los conductores no hablan mientras manejan (único punto a
favor creo) y manejan en promedio 14 hs por día. Ninguno
tenía voluntad para responderme nada una vez finalizada su
jornada. El cobrador (o jovencito 'gritador' que se para en
la puerta de la combi, siempre abierta, claro, no sea que un
pasajero en medio de la autopista no pueda trepar hasta
allí) sólo sabe unas diez frases que redundan en el
concpeto de lograr más pasajeros: "Al Óvalo, hasta Javier
Prado, a Miraflores, Miraflores", "Venga, venga", "Se
va, se va" y oraciones semejantes. Sólo logré saber por
medio de un ex empleado del Ministerio de Transporte
que el tráfico lo controla la Municipalidad de cada
distrito, que las empresas son privadas, que Fujimori
en los '90 sacó las paradas (esas que tanto vemos
del 60, el 152 y el 92) y permitió (y tramitó) la entrada
la país de combis en mal estado (por ende económicas)
que hacen las veces de colectivos con tarifas que cada
empresa ajusta a su antojo, aunque la Municipalidad tiene
la deferencia de poner un límite máximo.
Miraflores, San Isidro, Surco y el centro histórico
quizás sean las únicas excepciones del caos de la
ciudad. Barrios de la gente de clase alta, y de la
clase alta venida a media, que tienen semáforos (que en
otros lugares son suplidos por agentes de tránsito con
guantes verdes fluorescentes que trabajan en un horario
variable e indefinido. Quizás
lo encuentres un miércoles por la mañana y le jueves no
está) y hasta, cada diez cuadras, una parada de buses.
Por esas calles, las avenidas Pardo, Aviación y Canadá,
sí pasan colectivos un poco más grandes donde cuando se
viaja parado no hay que doblarse en dos.
Lima no quiere ser querida. O al menos, eso parece.
Los limeños quieren que el turista quiera Lima. Que los
argentinos queramos Lima. Te venden y después te regalan,
"para que se lleve un lindo recuerdo". La amabilidad, es lo
único que escapa a la suciedad y el ruido estruendoso de esas
calles. El olor a frito, la visión de los animales abiertos
en dos en mitad de la vereda, el cebiche o ceviche
(para ellos parece ser lo mismo) a las ocho de la mañana,
un cui con papas fritas de segundo almuerzo, el río Rimac
que atraviesa el centro de la ciudad con su podredumbre como
piel y vestido, el puente por el que se llega hasta
el Congreso, la Catedral, con sus luces de navidad en
toda época del año, que dan más trsiteza que alegría, con
ese puente que Eiffel construyó, tan poco
parisino, tan viejo, herrumbrado.
Lima dan ganas de taparse con la frazada hasta
la cabeza y pensar en Cuzco, en las líneas de Nazca, en
las ruinas del norte. En la sierra o en la selva. Dan ganas
de perder algún sentido. Lima me da ganas de decir
que por nada viviría allí.
******************************* **************************** ********************
Parte II
Día domingo 23. La cooperativa donde nos alojamos realizó
una fiesta por la Navidad. "Tienen su primera chamba
(trabajito)", dijo Don Luciano, quien nos hospedaba.
La familia y los vecinos (que también son familia)
habían estado reunidos minutos antes hablando sobre eso.
Todos se rieron. Miramos expectantes. "¿Cómo se ven
disfrazados de Barney y Lizzy Town (o algo así que
ninguno de los tres entendió)?, preguntó Cintia, su
hija sin dejar de reírse. No hace falta aclarar
nuestra respuesta. Al día siguiente, en una tardecita
de unos 25° y frente a más de 60 chicos y sus padres
reunidos en el centro del barrio, Camilo saltaba
dentro de un muñeco de dinosaurio rosa de dos metros de
alto y 50 cm de espesor y Julián bailaba al compás
de "La culebrítica" (una cumbia bailantera que se
baila obviamente meneando y sacando el culo) vestido
como un niño con bigotes y camisa de marinero. Yo me
encargaba de pintar a todos los chicos, que mientras
hacían la cola, por la emoción (obviamente) le pegaban
patadas y piñas a Barney. Camilo no llegó a darse
cuenta del todo, por suerte.
***************** ******************************** **********************
Parte III
El 24 es feriado pero únicamente para que aumenten
las tarifas de los transportes, proque el movimiento
en la ciudad es el mismo o peor. Todos corren buscando
su pavo o su cerdo (no quiero casi ni explicar la
situacion en que Julián acompañó a Don Luciano a elegir
un chancho en el mercado donde los animalitos correteaban.
Sí, Don Luciano dijo: ese y ahí mismo, zac, zac.
Cerdo sin cabeza. Y rebanado). Los preparativos recién
empiezan a las 9 de la noche. Sí, sí, así como lo leen.
Los limeños se sientan a comer a las 12 en punto, o,
mejor dicho, después de tirar los cohetes. Y la fiesta,
claro, empieza a las 3 de la mañana.
Entre la merienda y la cena, claro, me cargué de hambre.
************** ***************************** **********************************
En el próximo capítulo:
Costa Rica, la ciudad donde oscurece a las cinco
de la tarde.
Gentecita linda, les mando un abrazo enorme
Anukamartes, 8 de enero de 2008
Crónica II. Del 20 al 25 de diciembre
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
lindo blog
donde estaras ahora!?
me cruce por martin buscaglia con estos blogs.
conta más! actualizá!
Publicar un comentario